martes, 24 de mayo de 2011

Tu Vale Mucho Para Dios

Don pedro, un veterano y humilde cristiano, que vivía solo, se gozaba únicamente en la bendita compañía de su Salvador y Señor. Se las arreglaba sólo percibiendo una modesta pensión ferroviaria. ¡Sólo nunca!, decía siempre Don Pedro, “mi Señor está conmigo”. El puso a prueba muchas veces a prueba las promesas de su Señor, y su sencilla fe nunca fue defraudada.

Un día se encontró en dificultades. El pago de la pensión se atrasó, ya no tenía nada de dinero y en casa no había nada para comer.


Como siempre, elevó a Dios su oración: Señor, tú sabes que no tengo nada para comer hoy, y tengo hambre. Dame lo que necesito. Llegó la hora de almorzar, Don Pedro, tendió su rustica mesa, se sentó, inclinó su cabeza y dio gracias a Dios por los alimentos.


No había pronunciado en amén cuando golpearon a su puerta. Era un vecino que traía una fuente llena de pescado cosido. No se ofenda, vecino, ayer fui a pescar y traje tanto a casa que nos ha sobrado, y mi señora me dijo:”Juan, lleva todo esto a don Pedro, puede ser que él lo necesite.”


Don Pedro tomó la fuente y elevando sus ojos al cielo dijo:”GRACIAS, SEÑOR” El vecino se fue pensando:”Qué atento está hoy don pedro, siempre me llama Juan a secas, hoy me trató de Señor.


Mirad las aves del cielo,  que no siembran,  ni siegan,  ni recogen en graneros;  y vuestro Padre celestial las alimenta.  ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?  ¿Y quién de vosotros podrá,  por mucho que se afane,  añadir a su estatura un codo?  Y por el vestido,  ¿por qué os afanáis?  Considerad los lirios del campo,  cómo crecen:  no trabajan ni hilan;  pero os digo,  que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es,  y mañana se echa en el horno,  Dios la viste así,  ¿no hará mucho más a vosotros,  hombres de poca fe? No os afanéis,  pues,  diciendo:  ¿Qué comeremos,  o qué beberemos,  o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas;  pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia,  y todas estas cosas os serán añadidas. Así que,  no os afanéis por el día de mañana,  porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. Mateo 6:26-34

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